Si hace más días que menos (disculpad la enorme demora) proponía un debate sobre las distintas formas de entender la educación o, en su defecto, aquello que engloba una gran parte de la misma, como son los enfoques curriculares; hoy os traigo mi reflexión personal acerca del texto de Schön que propuse.
El autor del texto, Schön, nos
brinda una reflexión que, en apenas unas líneas, nos describe la situación del
sistema educativo y los enfoques curriculares vigentes en la época en que lo
escribió (principios de los 90) y la actualidad. Hablamos de la época porque la
contextualización en la que el texto se encuentra se sitúa en un momento en que
se sucedieron críticas continuas al enfoque tecnológico del currículum, surgido
a raíz del taylorismo, críticas que se sucederán hasta la actualidad, donde
sigue reinando el enfoque técnico o tecnológico del currículum.
Schön utiliza el recurso
metafórico para describir dos de las posibles elecciones que dispone cualquier
docente en la acción educativa. Para ello, describe un paisaje que representa
la diversidad de posibilidades para llevar a cabo la práctica educativa por
parte del profesorado. El paisaje se compone por las tierras altas y firmes y
las tierras bajas, situadas junto a un pantano.
Las tierras altas y firmes
alcanzan a divisar el pantano, pero a una considerable distancia. Aquí, según
este fragmento, “los problemas son
fáciles de controlar” y “se
solucionan por medio de la aplicación de la teoría y la técnica con base en la
investigación”. Estos extractos nos dan la primera evidencia acerca de qué
papel juega cada componente de la metáfora en la vida real, lo que da, a mi
entender, un indicio en la decodificación del sentido figurado referido por
Schön acerca de qué se refiere con “tierras altas”.
Bajo mi punto de vista, las
tierras altas y firmes representan la posición de un docente que instruye de
forma alejada a la realidad (el pantano), que se queda en la parte fácil y superficial
de los aprendizajes, y que busca una planificación exhaustiva que le permita
conocer cómo terminará cada clase antes de que haya comenzado, evitando así
cualquier imprevisto que pudiera surgir en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
En definitiva, si el docente escogiera situarse lejos del pantano, en las
tierras altas, adoptaría un enfoque tecnológico o técnico del currículum.
Observaremos con mayor facilidad
la relación entre las tierras altas propuestas por el autor, donde los
problemas son fáciles de controlar, y el enfoque técnico del currículum a
través de la siguiente cita: “El interés
técnico se manifiesta cuando las personas muestran una orientación básica hacia
el control y la gestión del medio social y natural en el que habitan”
(Fernández Sierra, J., 1995: 46). Desde esta perspectiva, el saber se forma
mediante la experiencia y la observación, por medio de aquello que es
comprobable, con rigor científico, epistemológico. Este tipo de enseñanzas se
basan en investigaciones científicas, en hechos evidenciados en otra época y
por otras personas, en un contexto muy alejado de la realidad que se vive en el
aula, en el “pantano”. En mi opinión, es mucho más interesante el aprendizaje
cercano al aula, que no esté cerrado a la rigurosidad establecida por otros, que
pueda ser expuesto a la duda. Como dedujo Stenhouse (1987: 160) de las teorías
de Pablo Abelardo, “sólo en presencia de
la duda se exige la enseñanza”. Esta duda, hace referencia a la
flexibilidad que deberían tener las sesiones educativas y la permisividad de un
gran abanico de posibles finales para cualquier clase, evitando estandarizarlas
por medio de una programación cerrada diseñada previa a la puesta en práctica,
una programación científica, donde “cada
paso que se prevé dar está fundamentado en una razón científicamente válida”
(Gimeno Sacristán, 1981: 9-10). Cabe destacar, además, que gran parte de dicha
programación está previamente impuesta por aquellos que dominan a los
profesionales de la docencia, también entendidos como “técnicos-operarios-” en
esta perspectiva, los “tecnólogos” (Carr
y Kemmis, 1988). Al final no estamos haciendo otra cosa que considerar el
currículum como un “elemento de
reproducción” de contenidos, con un “carácter
jerárquico” (Fernández Sierra, J., 1995) que distinguirá entre los
tecnólogos y los técnicos, que carecerán de autonomía debido a la constante
“rendición de cuentas” a la que están sujetos.
Pero no son los expuestos los
únicos hándicaps del interés tecnológico. No podemos obviar que este modelo
promueve un fuerte trabajo por objetivos, cuyo padre podríamos considerar a
Tyler (1973), que mostraba cierta obsesión por la eficacia. Esto llevó a ver el
currículum como producto, relegando el proceso de enseñanza-aprendizaje a un
mero trámite del cual habrá que obtener ciertos resultados previamente buscados
por medio de unos concretísimos objetivos, los cuales habrán de cumplir todos
los niños y niñas.
Es más que probable que el
profesional docente escoja esta forma de considerar el currículum debido a
varios factores, que bajo mi perspectiva, son los más determinantes en esta
decisión:
1.
En primer lugar, por la comodidad de seguir un
estándar ya definido que promueve el modelo del sistema educativo de nuestro
país y los de nuestro alrededor. Si la Ley educativa vigente te impone una
serie de objetivos que tus estudiantes han de conseguir, los contenidos
disciplinares que se deben tratar para la consecución de dichos objetivos y los
criterios que tendrán que tenerse en cuenta para su evaluación, cabe esperar
que el maestro o maestra tendrá que buscar la efectividad de los resultados de
los aprendizajes de su alumnado por encima de todo, pasando entonces por encima
de lo único que, supuestamente, se deja a libertad del docente: los métodos y
estrategias de enseñanza.
2.
En segundo lugar, ya que a principio de curso
tuvo que diseñar algún tipo de programación instruccional donde describió qué,
cuándo, cómo, dónde, por qué… se iba a hacer a lo largo de la temporada, con
pelos y señales, el mismo docente deja cerrado este documento y rara vez cede
ante la posibilidad de modificar, remover o añadir cualquier aspecto según las
necesidades de sus estudiantes. Es mucho más cómodo trabajar siguiendo un
tutorial donde se te explica lo que ocurrirá durante una lección y cómo tendrás
que acabarla, a dejar abiertas puertas como las del diálogo, la construcción de
conocimientos, la investigación en el aula o la deliberación.
3.
En tercer lugar, considero que los docentes hoy
por hoy siguen actuando como técnicos debido a la tranquilidad que da enseñar
unos saberes preestablecidos, investigados y probados con rigurosa e
inmodificable evidencia científica. En este motivo de elección del tecnicismo
educativo, podríamos englobar tradicionales frases de profesores/as que se
siguen utilizando aún hoy: “esto es así porque lo dijo Pitágoras, y no tenemos
que plantearnos nada más”, o en su defecto: “esto es así porque lo dice el
libro, de modo que os lo aprendéis para el examen, y punto”.
4.
En cuarto lugar, y no por ello menos
determinante, tendríamos la disciplina y el rol de experto. La disciplina es el
mecanismo más sencillo de controlar los comportamientos de un grupo-clase sin
diferenciar los motivos que tiene cada niño o niña de actuar de una u otra
forma. El ser autoritario, dominante, da seguridad a una maestra o maestroy
asegura la consecución de su programación ya que obliga a sus alumnos a
permanecer sentados inmóviles en una silla a una clase entera durante horas. Es
evidente que el alumno quedará relegado a un papel de mero receptor de
conocimientos, y el docente al de transmisor de los mismos, siendo éste último
el técnico experto que además controla el grupo-clase. La interacción tiende a
perderse, convirtiéndose el aula en un espacio unidimensional de comunicación
(docente-alumno). Esto, desde luego, ahoga la creatividad de los niños y niñas,
que ven mermadas sus posibilidades de libre expresión y, por consiguiente, de
creación (Fernández Sierra, J., 1995).
5.
Por último, creo imprescindible destacar la
importancia que la presión social ejerce sobre los maestros y maestras. No sólo
las instituciones exigen resultados, sino que también los padres y madres, los
centros de enseñanza y la comunidad educativa en general da por sentado que la
enseñanza está diseñada de la forma técnica, y que no es posible un aprendizaje
entendido bajo una perspectiva comprehensiva.
Es evidente que hay otros muchos
factores que influyen en la decantación por parte del docente en este enfoque
del currículum como pueden ser una evaluación sencilla por medio de pruebas
estandarizadas, o las dificultades que conllevan planear y llevar a cabo un
proceso de enseñanza-aprendizaje por otras vías como el aprendizaje por
proyectos, la investigación en la acción o los talleres. En definitiva, como
hemos visto, lo que prima es la facilidad y la comodidad de moverse en las
tierras altas y firmes.
Adentrándonos ya en las llamadas
por Schön “tierras bajas del pantano” donde
“los problemas confusos y poco claros se
resisten a una solución técnica”, se abordan desde el mismo contexto que el
grupo-clase, junto al pantano, y no desde unas altas y lejanas laderas. Esta
elección para el profesional de la enseñanza es mucho más cercana a las
necesidades de su alumnado, lo cual propiciará un aprendizaje mucho más
relevante si así lo busca el docente, que en este caso actuará como guía, una
parte más del proceso, al mismo nivel que los estudiantes. Nos encontramos ante
el enfoque práctico del currículum, reconocido así por el propio Schön (1992) u
otros conocidos pensadores como Angulo (1994).
Bajo este enfoque no se considera
tanto la existencia de saberes rigurosamente indiscutibles y epistemológicos,
sino que se da más importancia a los juicios situacionales que median
reflexivamente con la acción antes que a cualquier tipo de conocimiento teórico
(Angulo, 1994: 115). En estas tierras -volviendo al símil de Schön- se acepta
la controversia, no se teme a la ambigüedad y se no se anula la crítica ni la
divergencia; en definitiva, no se imponen ni promueven puntos de vista. Se
fomenta, en cambio, la investigación y las acciones propias para la
construcción de conocimientos, sin tener que aceptar las valoraciones
científicas hechas por otros, en otro contexto espacio-temporal, en las tierras
altas. “Postular una enseñanza basada en
la investigación es pedirnos a los profesores que compartamos con nuestros
alumnos el proceso de nuestro aprendizaje del saber que no poseemos”
(Stenhouse, 1987: 159). De dicha cita de Stenhouse podemos deducir que en este
enfoque el profesor no actúa como experto, como técnico –operario-, sino que
aprende durante el proceso de enseñanza-aprendizaje, sobre todo en las áreas
sociales.
Desde las tierras bajas del
pantano vivenciamos un estilo educativo que fomente la discusión razonada y la
reflexión crítica e informada de los implicados en el acto educativo. Esto
atañe una dimensión ética, “un compromiso
moral sobre los procesos de enseñanza-aprendizaje, pero sólo puede alcanzarse
dicho compromiso bajo un ámbito justo de deliberación” (Angulo, 1994: 123).
Dicho compromiso moral hace una
clara referencia implícita a evitar la competencia entre los alumnos. Desde el
punto de vista práctico se busca una educación comprensiva. No pretende hacer
una especie de carrera con eliminatorias donde los menos rápidos irán siendo descalificados
por el camino, tal y como ocurre hoy en los países occidentales bajo un enfoque
tecnológico, que podríamos definir sin tapujos como educación selectiva o
segregadora.
Como indica Shön, es paradójico
que “los problemas de las tierras altas
tienden a ser de relativa importancia para los individuos o para la sociedad en
su conjunto, aun a pesar de lo relevante que pueda ser su interés técnico, mientras
que en el pantano residen aquellos otros problemas de mayor preocupación
humana”. A mi modo de ver, el autor reclama un acercamiento al pantano de
aquellos problemas que son relativamente importantes para la sociedad, ya que
los discentes solo podrán aprender a expresar juicios de valor, razonados,
justificados y deliberados bajo un aprendizaje activo que promueva la
interacción entre todos los participantes del proceso educativo.
Considerando ya expuestas y
justificadas detalladamente las dos opciones propuestas, el texto deja en el
aire la siguiente pregunta hacia el práctico
(el docente): ¿Tendrá que quedarse en
las tierras altas donde le es posible resolver problemas de relativa
importancia según los estándares de rigor predominantes, o descenderá al
pantano de los problemas relevantes y de la investigación carente de rigor?”.
Como se justificó anteriormente y asume Schön en este extracto, el enfoque de
las tierras altas es el que predomina y, con diferencia, el más fácil de
asumir.
Pero lejos de conformarnos con
este rol, considero que los maestros deberíamos apostar por lo verdaderamente
importante, sea lo difícil que sea, cueste lo que cueste. No sirve de nada
fomentar un clima autoritario en el aula donde se pedirá al alumnado que no
hable en clase, que no participe, que no copie, que no razone, que no imagine,
que no cree. Por el contrario, opino que como docentes siempre tenemos que
buscar un ambiente cálido y agradable, ya que éste será la base para los
aprendizajes de nuestros pupilos. Como dijera Freire, “para nosotros (los docentes)…
el problema no radica solamente en explicar a las gentes sino en dialogar con
ellas sobre su acción” (1970: 52). El poder de reflexión y de participar en
la acción educativa es base para todo método educativo. Sin duda, yo preferiría
situarme bajo el resguardo del pantano, pero solo en alguna excursión
esporádica me adentraría en las frías y altas montañas.
REFERENCIAS
BIBLIOGRÁFICAS:
·
Angulo Rasco, F. (1994). El enfoque práctico del
curriculum. En Angulo, F. y Blanco, N. (coords) Teoría y desarrollo del curriculum. Málaga: Algibe, 109-130.
·
Carr, W. y Kemmis, S. (1988). Teoría crítica de la enseñanza.
Barcelona: Martínez Roca.
·
Fernández Sierra, J. (1995). La acción docente y
psicopedagógica en secundaria desde las diversas opciones curriculares. En
Fernández Sierra, J. (coord.) (1995): El
trabajo docente y psicopedagógico en educación secundaria. Málaga: Aljibe,
pp 43-66.
·
Freire,
P. (1970). Pedagogía del oprimido. Montevideo: Tierra Nueva, 1970.
·
Gimeno Sacristán, J. (1981). Teoría de la enseñanza y desarrollo del
currículum. Madrid: Anaya.
·
Schön, D. (1992). La
formación de profesionales reflexivos. Hacia un nuevo diseño de la enseñanza y
el aprendizaje en las profesiones. Barcelona: Paidós.
·
Stenhouse, L. (1987). La investigación como base de la enseñanza.
Madrid: Morata, pp 111-156.
·
Tyler, R. (1973). Principios básicos del curriculum. Buenos
Aires: Kapelusz.
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