viernes, 22 de marzo de 2013

¿Para qué las escuelas? El trasfondo de la cuestión.

No hace tanto que en España la educación no era obligatoria. Diversas leyes educativas han pasado por nuestro país y, aunque no fue la primera en proponerlo, la LGE de 1970 fue la que consiguió escolarizar a casi el 100% de los niños y niñas desde los 6 a los 14 años, y más adelante la LOGSE de 1990 (que se puso en práctica en 1996) aumentó dos años más la escolarización obligatoria.

Pero, ¿para qué queremos las escuelas? ¿cuál es el motivo por el que consideramos necesario llevar a nuestros pequeños/as a esta institución? ¿Por qué ha de ser obligatoria en ciertas edades? Las respuestas a estas preguntas parecen muy claras en una primera instancia. Es probable que hayáis pensado motivos como buscar un porvenir laboral, abrirse camino hacia la universidad o aprender aquello que en casa no se les puede enseñar, entre muchos otros. Si vuestras respuestas iban encaminadas en los ejemplos mencionados, me temo que os estáis quedando en una parte muy superificial de lo que es la educación, una capa quizás importante, pero ni mucho menos la más determinante al respecto.

Seguramente estaremos de acuerdo si afirmo que los niños y niñas han de introducirse en la cultura que les rodea, que han de conocer personas de su edad, jugar y hacer amigos. Tenemos que proporcionarles lo necesario para que puedan socializar en el entorno en el que van a vivir la parte más decisiva de sus vidas, aquella en la cual se van a formar como personas con unas características u otras, unas ideologías u otras, y unos hábitos u otros. A mi parecer, sin duda, cuando enviamos a los niños y niñas al colegio lo que buscamos es formar ciudadanos y ciudadanas, personas que aporten lo que puedan a la sociedad, que sepan desenvolverse en ella y que tengan un bagaje de valores que les hagan buenas personas.

Diréis vosotros: Pero oiga, ¿y qué hay de la instrucción? ¿y los conocimientos? ¿y su porvenir? Desde luego al colegio se va a aprender conocimientos de muchos tipos, pero no podemos obviar lo importante. Un pequeño alumno puede aprenderse los ríos de España para un examen de 5º de Primaria (por poner un ejemplo) y sacar un 10; pero si no genera un hábito de estudio, de responsabilidad con su aprendizaje, del valor del esfuerzo, ¿de qué le va a servir? ¿acaso somos tan ingenuos que una serie de contenidos memorizados para un examen le van a durar de por vida?

Por último, quedó lanzada la cuestión de por qué ha de ser obligatoria la escolaridad. Hay que tener muy claro que no todas las familias, por cuestiones sociales y clasistas, no siempre tienen una cultura de educación con sus respectivos hijos. Existen muchos padres y madres en una situación marginal que no llevarían a sus hijos a las escuelas si no fuera porque tienen que hacerlo obligatoriamente. ¿Se merecerían esos niños perderse la oportunidad de aprender? Creo que este argumento es tan fuerte de por sí, que no vale la pena indagar más.

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