miércoles, 12 de junio de 2013

La propuesta de Wert: Competitividad.

La LOMCE, también conocida como Ley Wert por ser esta persona (José Ignacio Wert) el Ministro de Educación Cultura y Deporte activo y promotor de la misma, es un arma de doble filo en todos los sentidos. Ya dejé por aquí mi particular análisis de este singular intento que pretende unos objetivos que no cohesionan, para nada en mi opinión, con las medidas que establecerán en el sistema educativo.

Hoy me gustaría hablar de un término que aparece en multitud de ocasiones en los escritos de la LOMCE, desde su Anteproyecto hasta su Proyecto, aprobado finalmente el pasado 16 de mayo: La competitividad.

Competitividad es un término acuñado en un principio para el ámbito empresarial. En la sociedad en que vivimos, todo el mundo ve genial la competencia entre empresas y agrupaciones deportivas, entre otros. Puede ser loable el hecho de ser competitivo en dichos ámbitos pero, ¿lo es de verdad ser competitivo en el ámbito educativo? No podemos obviar el hecho de que ser competitivo supone ser mejor que el resto, pasar por encima de ellos, y para ello se recurre a todo tipo de actuaciones. ¿De verdad queremos que nuestros pequeños luchen entre ellos por ser más competitivos que los que les rodean? ¿Vamos a considerar la competitividad un valor en educación?

Sinceramente, yo no creo que la competitividad sea un valor como tal, y menos una meta en la educación. Si entendemos la escuela como un agente socializador, y consideramos que hay funciones de la misma mucho más importantes e interesantes para los discentes, trabajaremos bajo los valores más cercanos a la diversidad, heterogeneidad, empatía, inclusión y, desde luego, formación, diálogo y debate, aprendizajes relevantes.

Cuando al señor José Ignacio Wert se le llena la boca de palabras tan sonantes como excelencia, competitividad o ambición, no está pensando en alumnos de clase baja, a los que tienen necesidades educativas especiales o a los que se han incorporado de manera tardía al sistema educativo por motivos de inmigración. Está pensando en alumnos que nacen con todo a su favor: un contexto social favorecedor hacia el estudio, recursos personales y materiales que le incitan o ayudan a estudiar, un centro escolar con ambiente social adecuado, etc.

Tenemos que intentar que el sistema educativo no sea selectivo y eliminatorio, es decir, que no vaya seleccionando gente en cada etapa y echando al resto; por el contrario, lo que hay que intentar es que todos desarrollen al máximo sus posibilidades intrínsecas y extrínsecas, y dotarle de todo lo necesario para que pueda llevar una vida lo más adaptada posible a la sociedad en la que se encuentra. Para ello, hemos de empezar intentando compensar las diferencias socioeconómicas con las que parten los estudiantes.

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